miércoles, 14 de noviembre de 2012


CARPE DIEM


Un Señor mayor me dijo, que disfrute de la vida, que es muy corta y que no es ningún juego. Que sepa sentir cada momento, querer a cada persona, soñar y cumplir los sueños. Porque aunque no todo sea posible, el intentarlo nos hace grandes. Otro día, un niño que jugaba en el parque, me dijo que la vida era bonita, que queda mucho tiempo por delante y que es como un juego. Que hay que reírse mucho, dar muchos abrazos y besos, y sobre todo pasarlo bien para tener buenos recuerdos. Ayer, una mujer que venía de la compra, me dijo que la vida es muy dura, que cada cosa que hacemos nos marca para siempre y que es más trabajo que otra cosa. Que los momentos se esfuman, que las personas te defraudan o se marchan de tu lado, que soñar es de tontos, hay que ser realistas y afrontar las cosas. Junte los 3 consejos, y me dí cuenta, que cuando somos pequeños, tenemos la ilusión de vivir, de sentir que nos queda mucho tiempo por delante y que lo que más nos importa es pasarlo bien. Cuando vamos creciendo, nos centramos en el trabajo, en los malos momentos y en las decepciones. Dejamos de lado nuestros sueños y también de disfrutar. Cuando somos mayores nos damos cuenta, que teníamos que haber disfrutado cada momento de nuestra vida, que la vida es muy corta y para cuando quieres darte cuenta, no la has aprovechado. Quieres querer a todo el mundo y dar cariño a los que no se lo diste. Te das cuenta que no has cumplido ninguno de tus sueños porque ni siquiera lo has intentado. Y esto, en definitiva es lo que nos daba la energía para vivir la vida con ganas, para enseñar a los demás como vivirla, para ser felices. Era lo que nos hacía grandes.
- No dejes que la ilusión que tenemos de niños se esfumé, que el cansancio de los golpes al ir creciendo no te dejen disfrutar y que la melancolía de cuando somos viejos sea la que te enseñe como deberías haber vivido.


VUELVE EL INSOMNIO...

¿El tiempo lo cura todo? mentira. El tiempo no cura nada, aleja de la memoria lo que ya no importa. El tiempo es justamente eso que nos hace daño. Noches en vela, putas noches en vela, noches sin dormir. Ganas de olvidar el echar de menos por unos segundos. Pensar en las palabras que se dijeron, y en lo que se debería de haber dicho. Mirar el cielo. Mirar el suelo. Idealizar la sonrisa perfecta. Beber en exceso. Desfase. Una montaña rusa de sentimientos. Que siempre quede el pero. Vigilar el teléfono. Autodestrucción. Autocompadecerse. Paranoias. Pensar en que pasaría. Escuchar esa canción y darte cuenta de que ya nada volverá a ser como antes. Comerte la cabeza. Escribir un mensaje y no tener cojones a mandarlo. Pensar en parar de pensar... Maldito insomnio.



PREGUNTAS SIN RESPUESTA..

¿Cuántas veces hemos llegado a un punto en nuestras vidas, en el cual nos sentimos vacíos? Sentimos que nuestra vida no tiene rumbo, no tiene sentido, y no hallamos una razón para continuar. Sentimos deseos de que todo se acabe, de salir corriendo, de encerrarnos por el resto de nuestras vidas o simplemente te rodeas de una coraza para que nadie te haga daño pero también estas impidiendo que la felicidad te alcance. Muchos no saben que detrás de una sonrisa como un sol hay toda una noche de lluvias.
¿Cuántas veces has dicho que querías estar solo cuando lo que necesitabas era que alguien se acercara a darte un abrazo?
¿Cuántas veces has dicho que estabas bien esperando que alguien se diera cuenta de que no lo estabas?
¿Cuántas veces has dicho que no te pasaba nada cuando sentías que te pasaban mil cosas y no las sabías ni tú?
¿Cuántas veces he sentido que eras lo que le daba sentido y rumbo a mi vida?
¿Cuántas veces eras el único motivo por el que despertarme al día siguiente?
¿Cuántas veces me he callado todo?